Miguel Vitagliano: La Guerra de la Triple Alianza con la mirada del Dante

Cuando recibimos “Enterrados” (Edhasa), de Miguel Vitagliano, su intensidad y la gran cantidad de información literaria e histórica que contiene, nos llevó a pedirle una entrevista para #ElResaltador.
ER1-¿Cuándo empezaste a trabajar en “Enterrados” y a partir de qué?
MV-Las historias de cuándo comienzan las novelas siempre tienen un momento previo. Es decir, siempre hay un comienzo anterior al que uno cree recordar. Durante un tiempo bastante largo estuve leyendo e investigando sobre la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870), la guerra más cruenta que conoció América Latina y que definió el carácter moderno de los cuatro países que un siglo después conformarían el Mercosur: Argentina, Brasil y Uruguay, y por otro lado Paraguay. Quería escribir una novela sobre esa guerra, pero después de reunir todo el material entendí que allí no había una novela para mí. Podía haber una novela para otro autor, pero no encontraba la novela que yo quería escribir, o mejor la novela que yo quería leer. Abandoné el proyecto. Lo retomé años después impulsado por una idea: la traducción que había hecho Bartolomé Mitre de La Divina Comedia. El punto que me atrajo no era solo que Mitre era, en buena medida, el artífice de esa guerra que comenzó bajo su mandato presidencial (1862-1868) y que él condujo militarmente, sino un mito que circulaba y que decía que Mitre había traducido varios de los cantos del “Inferno” de Dante en medio del campo de la batalla. Lo que me interesó no era hacer de ese mito una verdad novelesca que justificara la trama. Nada de eso, me interesó que eso que tanto se repetía como verdad fuera desmentido por la ficción de la realidad: el campo de batalla era un infierno que Mitre en buena medida había construido, así que de ningún modo Mitre quiso pensar en el poema de Dante, ese libro que lo apasionaba y que lo acompañó durante cuarenta años. En ese desconcierto se tejía la trama de la novela que a mí me interesaba leer, entonces comencé a escribirla.

ER-¿Cuándo decidiste el título y por qué?
MV-Cada vez que me sentaba a escribir era para mí una cita con el enterrado. Ese personaje tenía ese nombre para mí, el enterrado. Me esperaba atrapado entre los cuadernos y mis notas. Cuando terminé de componer la novela, entendí que en realidad no había solo un enterrado, sino que había otros en esas circunstancias, aunque no en la misma situación.

ER-Hay dos parejas en tu novela, Mitre y Delfina, Elisa y Solano López ¿por qué las elegiste?
MV-No sé si realmente elegí las parejas. Elegí a Mitre y la Guerra, y los demás se impusieron. Si es que hay algo así como una elección no soy el que pueda dar una explicación.

ER-¿Cómo llegaste a la versión de Mitre de la Divina Comedia?
MV-Mitre es un personaje que ha modelado los pilares fundamentales de lo que conocemos como la historia del país del XIX. Un intelectual con el que, de un modo u otro, nos tropezamos constantemente en nuestra vida cotidiana, no sólo porque forjó el modelo heroico de San Martín y Belgrano, por ejemplo, sino porque fundó un diario como La Nación. Un historiador, un militar, un político que llegó a la Presidencia, pero también Mitre es el traductor del máximo poema que conoció Occidente: una combinación de épica e historia, de análisis político, de cuadro de costumbre y de examen de lecturas literarias que se traman como una narración novelesca. Y que Dante escribió en una lengua nueva. Mitre realizó la traducción de La Divina Comedia aspirando a que el destino de nuestro joven país, y su lengua nueva, buscara su modelo redentor en esa referencia. No es un detalle menor que Mitre estuviera convencido, y así lo dejó asentado, que su traducción era la mejor que se había hecho de la obra de Dante en cualquier lengua.

ER-La Guerra del Paraguay y, sobre todo el advenimiento de Mitre a la presidencia, son el comienzo de una nueva etapa en la vida política argentina, ¿pesaron como razones para que sean el centro del argumento?
MV-Estoy de acuerdo con eso, por eso destacaba (ver más arriba) las consonancias entre los países que intervinieron en la Guerra de la Triple Alianza, la Guerra Grande, y lo que sucede un siglo después con la construcción del Mercosur en medio de la globalización.

ER-Llama la atención el recurrente tema de las piedras, ¿podés ahondar en eso?
MV-Es que el enterrado está hundido entre escombros y hace de esas piedras una especie de “Teatro de la Memoria” que le permite vincular distintas situaciones y personajes. Está en esa situación a causa de un derrumbe, y lo único que sabe es que estará vivo mientras pueda contar. No contar las piedras, sino contar a partir de lo que ellas pueden evocar. Sin duda hay una analogía con La Divina Comedia. En una el poeta se mueve entre sombras que evocan historias, el enterrado en cambio está detenido entre piedras y las hace hablar.

ER-El hilo narrativo salta de una frase, a un escritor, a una situación, a una película, y en el final hay un glosario con todos los nombres que aparecen en el libro, ¿cómo desarrollaste esa estructura?
MV-No comparto la idea de que haya “saltos”. Eso sugeriría cierta desconexión entre los momentos que componen la narración y, por lo que hemos estado conversando sobre las relaciones con La Divina Comedia, resulta evidente que eso no podría ser así. La sintaxis de la primera parte de El sonido y la furia, de Faulkner, está motivada por el narrador, en Enterrados podríamos observar algo semejante, aunque sólo en algunos pasajes, ¿no cree usted?

Tal vez la sintaxis nos haya jugado una mala pasada, pero las palabras están para ser escritas, leídas, explicadas, y siempre es un placer que lo haga el propio escritor. “Enterrados” nos pareció una obra curiosa. Esos “saltos” nos hicieron recrear diferentes momentos de la Historia y la literatura, nos pasearon por situaciones y nos sumergieron en la intimidad de dos parejas que no conocíamos de ese modo. No sugeríamos desconexión alguna, más que nada nos enganchamos con las diferentes aristas que el narrador encontraba en cada piedra. Con Vitagliano descubrimos también ese infierno de La Divina Comedia, que dejaba el Viejo Continente y nos acercaba al que se vivía en el hemisferio sur con la Guerra de la Triple Alianza. Un hallazgo.

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Carajo la gastó nuevamente en el Luna Park

por Luis Digiano
-Demostrando una vez más que es una banda que no tiene techo, Carajo volvió a demostrar anoche ante un estadio Luna Park lleno la coherencia artística que lo acompaña en estos 18 años de trayectoria.
Con un sonido potente pero a su vez por momento cancionero por espacio de dos horas Carajo hizo un recorrido por buena parte de sus clásicos de todos los tiempos (totalmente atemporales), mostraron canciones nuevas y dejaron más que conformes como un regalo de fin de año a la familia Carajera.
“Sacate la mierda” inicio el viajo por el cancionero carajero, para luego seguir sin perdida de tiempo con “Pura vida”, “Joder”, “Chico granada”Ironía”, “Luna herida”, “La venganza de los perdedores”, “Triste”, “El mar de las almas”, “Alma y fuego”, “El aguijón” y “Noche”, todos bajo un pogo fuerte pero ordenado en el campo y el grito de los cuatro costados de “Pan y vino, pan y vino, el que no grita Carajo, para que Carajo vino”.
Con el constante Gracias de Marcelo “Corvata” Corvalán, bajista y vocalista de la banda, para inmediatamente darle lugar a las composiciones nuevas de su próximo disco a editarse el año que viene como “Advertencia”, “Denso” y “Fin al dolor”, que marcan el momento del grupo bien ascendente y pesado-
Ya llegando a los instantes finales del concierto histórico y de alto nivel internacional que lo lleva a ser el “concierto del año”, llegarían “Virus anti-amor”, “El que ama lo que hace” (en claro concepto al público asiduo a los recitales, “El error” y “Acido”, para luego como dijo “Corvata”, “Como anda hoy la vagancia en el Luna” e interpretar “Vago”.
El tradicional bis solicitado por su público fue para un “Medley de Pantera” instrumental para la admiración de todos los presentes y ponerle punto final a una noche memorable, inolvidable y llena de energía.
Tery Langer, Andy Vilanova y Corvata Corvalán, volvieron a demostrar si hacia falta hacerlo que es la banda del rock pesado en todas sus variantes argentino y que siempre van por mas.
“Aguante Carajo” y a ver con que nos sorprende como es habitual en la próxima.

Cosquin 2018: Moda y Folklore, el toque frívolo sobre el escenario

15- Para las promotoras de Salta, camisa blanca y el poncho rojo característico de la región usado como pollera. Uniforme simple y efectivo.
14- Martina, la hija de Peteco Carabajal, eligió vaqueros y musculosa negra para lucir sus “Riendas libres”.

13- Canalizando a Frida Kahlo, Charo Bogarin se esmeró, como siempre, para no pasar desapercibida.
12- Para el Ballet Folklórico Nacional y el Ballet de la Provincia de Santa Fe valieron las telas superpuestas y los colores sólidos, que permitían movimientos amplios. Las sonrisas, el adorno más codiciado.

11- Floreado el vestido de Daniela Azás, resultó el as en la manga de la cantante de “La negadora”.
10- Acorde con el estilo de su equipo, Silvia Zerbini, la directora del Ballet Folklórico Nacional, resolvió con sencillez sus apariciones en el Atahualpa Yupanqui.
9- Lo de Nathalie Allende fue maratónico ya que, no sólo condujo Cosquín, sino también las galas del Pre Cosquín. Para el frío eligió el poncho blanco sobre los hombros.
8- Insuperables, las chicas que ilustraron la noche latinoamericana con caporales y sayas, brillaron con sus trajes y sus envidiables piernas.
7- Rojo y Yupanqui para enamorar a la Próspero Molina, la Bruja Salguero no necesitó más.
6- La revelación fue Elisabet Schmidhalter, la mitad de A La Par Dúo. Además de cantar muy bien fue una de las más elegantes del Festival.
5- Vitalidad es lo que transmitió Micaela Vita a través de su actuación como voz principal del grupo Duratierra, con un conjunto de pantalón en el que los colores de la diversidad se dieron cita.
4- La elegancia de Milena Salamanca dio marco a su sobrio bloque.
3- El glamour regresó a Cosquín de la mano de su ex conductora, Maia Sasovsky, quien, a diferencia de la actual, se permite desafíos y los lleva con audacia.
2- Estampados para Soledad y Natalia Pastorutti, en distintos colores, con el mismo diseño. La Sole repitió los aros de su recital del día anterior con Nahuel Pennisi en un balneario.
1- Pantalones blancos, remera y saco largo bordado negro a juego, así Patricia Ratti se jugó y ganó al público tras el arrollador paso de Luciano Pereyra. No era tarea fácil. Tal vez no sea demasiado conocida, pero tiene lo necesario para sobresalir.