Escenas en un centro comercial

de Paul Mazursky (1991)

No sé exactamente cuándo comencé a sentirme interesada por la arquitectura, pero positivamente hubiera sido un desastre en medio de cálculos matemáticos y dibujos milimétricos.

De todos modos me cuesta caminar por cualquier lugar sin dejar de mirar cómo viven o vivían los demás. Mirando hacia arriba descubrí detalles hermosísimos de los edificios porteños y agradezco a aquellos que me aportan historias sobre quién fue el dueño de tal o cual casa y por qué fue diseñada de tal forma.

Por eso me sorprendí al ingresar al Recoleta Mall. Con más expectativa por ver el interior que por hacer compras, me llevé la desilusión del día. Comparando con otros centros comerciales, en primer lugar, fue inaugurado con la mitad de sus locales cerrados, deprimente para las expertas que buscan lo último.

Como era mediodía inmediatamente busqué la “plaza de comidas”, pero encontré el local de comidas rápidas cerrado, al igual que el de parrilla. Las únicas opciones que quedaban eran cafés que han incorporado ensaladas y tartas a sus menúes, y una heladería.

Una cuestión básica: los baños: más allá de los de los cines en el subsuelo; encontré el de hombres en el cuarto piso (por escalera o ascensor), y el de hombres y mujeres en un entrepiso… por escalera. Discapacitados abstenerse…

En cuanto al edificio en sí, se trata de una estructura luminosa, en la línea del Alto Palermo, con las invitantes escaleras mecánicas que dan a la calle. En el interior los pasillos son un tanto desabridos… no me los imagino con los adornos de Navidad, por ejemplo.

Más allá de las marcas convencionales de todo shopping que se precie, me gustó la propuesta primaveral de Magneto, y algunas tiendas de diseño de vanguardia que no se ven en los demás.

Recomendados

1-Caminar. Los días soleados invitan a disfrutarlos. Los parques son ideales, pero las callecitas aledañas a las grandes avenidas, donde siempre nos esperan sorpresas, no están para desperdiciar tampoco.

2-Cursos: época ideal para sumar un aprendizaje hasta fin de año. Idiomas, hobbies favoritos, seminarios o talleres, a gusto del consumidor. La mayoría son gratuitos o bastante accesibles. Pensar en el rédito posterior.

3-Elegir nuestro equivalente a “Comer, rezar, amar”. Sólo hay que suplantar por los tres verbos que más te gusten… como cuando de chicos jugábamos a tipotear.

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