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La turbulenta juventud de Arnaud Desplechin

Festival de Mar del Plata 2015
Día Uno:
WP_20151030_008Recién llegada de Buenos Aires, check in en hotel y almuerzo rápido. Los periodistas se nuclean desde temprano en la Oficina de Prensa en busca de sus acreditaciones y catálogos, pero sobre todo para escuchar a Arnaud Desplechin, el director francés cuya película “Tres recuerdos de mi juventud” inaugura el festival por la noche.
El director de festival, José Martínez Suárez, toma asiento entre los asistentes y recuerda que el cine argentino aprendió a través del francés y agradece el viaje relámpago del realizador para presentar el filme.
El problema es hacer preguntas sobre un filme que todavía no vimos. “Se trata sobre la juventud a través de los ojos de un chico mediante relatos de su vida, es el retrato de un joven héroe. El centro es su relación con las mujeres, que simboliza lo que tiene que ver con el país y su propio ser”.
“Con los años ´80 como ambiente, el protagonista, Paul y su familia, son los centros sobre los que el filme está organizado y estructurado. La caída del Muro de Berlín en el ´89 es el nudo, el centro es el amor. Europa estaba dividida en dos y hablamos sobre si eso fue un éxito o un fracaso. Pero para el héroe la música pop es más importante que lo que pasa políticamente”.
De la Argentina le impresionó “Relatos Salvajes” y de joven conoció a Jorge Luis Borges como crítico cinematográfico. Ese fue su primer lazo con nuestro país y su filmografía “Me doy cuenta que hay una diversidad y eso es un paralelo con el cine de mi país”. Esta es la primera vez que nos visita.
“Espero que la reacción sea como la experiencia en el festival de Cannes y será muy importante para mí. Los jóvenes actores estaban muy contentos”, afirmó Desplechin, de quien se han estrenado todos sus filmes en nuestro país.
Si bien el tono parece autobiográfico, el director confiesa que no tiene muchos recuerdos de esa época y que es más tímido que sus personajes: “Veía mucho cine, el teatro es un encuentro con la vida, pero en el cine hay un filtro, como una distancia y así me protegía. Cuando escribo y dirijo transformo mis recuerdos con el imaginario”.
“Si bien mi próxima película tendrá personajes más maduros, llegué a un punto de mi vida en que me preguntaba que si lo que hacía no llegaba a los jóvenes para qué estaba haciendo cine. Estuve buscando actores jóvenes que aceptaran mi idiosincrasia con mis contradicciones, aportando lo suyo. Los actores más jóvenes me preguntaron si tenían que ver alguna película mía y yo les dije que no. Quería llegar a tener una experiencia fresca y actual”.

Reconoce como influencias tres obras: “The outsiders”, de Francis Ford Coppola, “Un verano con Mónica”, de Ingmar Bergman y “Los amores de una rubia”, de Milos Forman. Pero también le gusta la nueva generación de cineastas americanos, “me apasionan Wes Anderson, Paul Thomas Anderson y Noah Baumbach.
“Alrededor de la vida del personaje se da la estructura de las tres muñecas rusas. Con este hilo pienso que no se trata de una metáfora sobre la memoria colectiva porque todos son solitarios. De su protagonista, Mathieu Amalric podría estar hablando una hora y media. Desde que llegó en el cine francés, es un milagro, es como Mastroianni en el cine italiano, es un fenómeno y tiene mucho encanto”.
Admite que su próximo proyecto todavía está en estado primitivo: “Hay una actriz, un director, por primera vez utilizo personajes cercanos a mi vida real. Y ahora que lo pienso tal vez vuelva a trabajar con Mathieu”.
tres recuerdos de mi juventudEl resultado: Poco más de dos horas le toma a Desplechin desplegar los tres temas que eligió para sus “Tres recuerdos de mi juventud”, con despareja suerte.
A pesar de que Paul, el protagonista, insiste que no tiene recuerdos claros, siempre parece acordarse de todo lo que le pasó con respecto a tres sucesos: su relación con su madre, la ayuda que le prestó a un joven soviético y su primer amor, Esther.
Es allí donde comienzan las contradicciones del guión que se queda sin explotar la riqueza que proporcionaba el primero, en donde Desplechin enfrenta a los tres hermanos a una terrible escena violenta. En el segundo caso, las aristas aparecen de diferentes maneras a lo largo del relato, en el presente y en el pasado, jugando de manera interesante con la identidad robada. Es en el último y más largo, donde la cuestión se le va de las manos hasta no saber cómo terminarla. Y esto es literal ya que, de pronto, en el epílogo, cierra el tema abruptamente, confesando que la relación duró seis años más.
Por otra parte el uso de la voz en off, redundante con las imágenes y palabras y el dramatismo que desborda a los amantes como si fueran los de Verona le quita interés.
Como Paul en el presente, Mathieu Amalric vuelve a demostrar su eficacia, mientras que el resto del juvenil elenco promete.

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