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MDQFest 2015: Agresti y esa estúpida pasión por los libros

WP_20151102_003Tras una larga ausencia de la cartelera nacional, Alejandro Agresti regresa con “Mecánica Popular”, prometiendo también para el año que viene “No somos animales”, filme que rodó antes que este y que coescribió con John Cusack. Terminada justo para el Festival Internacional de Mar del Plata, su estreno se prevé para 2016, distribuida por Buena Vista/ Disney.
Con menos de dos meses entre la creación y el comienzo del rodaje, Agresti se rodeó para “Mecánica Popular” de intérpretes que no dejan de elogiarlo.
Para Romina Ricci, con quien ya había trabajado en su anterior opus, “es una experiencia religiosa. Me encanta porque Ale tiene todo tan claro… es un artista sensible, loco”.
El lector compulsivo de Patricio Contreras, “fue una creación fundamentalmente de Alejandro con quien fuimos dialogando inventándole cosas, pero quisiera insistir un poco a riesgo de repetir, en que es como una condecoración trabajar con él. Fue un privilegio porque es una bestia de cine con una lucidez impresionante. Tiene un enorme amor por los actores, no sólo está cuidando el virtuosismo de los movimientos de cámara”.
“Para mí fue una hermosa experiencia. Es uno de los directores que más admiro, es un amigo desde ´Valentín´, donde interpretaba a la maestra. Esta obra me resultó extraordinaria”, apuntó Marina Gleyzer.
“Necesito que hacerles una confesión: trabajé con un genio, con un hombre muy valiente, un artista con todas las letras, de una brillantez desde lo narrativo y literario que me elevó como actor y como persona durante un mes y media”, admitió Alejandro Awada. “He sido muy feliz y he tenido que aprender y navegar estas aguas, con una riqueza fílmica que hasta ahora no me había tocado, inventando todo el tiempo”.
Para el propio Agresti, “Mecánica Popular” trata sobre “el valor de las palabras. Todavía siento en mí la misma estúpida pasión por los libros, no perdí esa inocencia. Me siento feliz viendo un libro. La literatura no perdió ese misterio y combinarlo con el cine me hace profundamente feliz”.
“La película juega triángulos en una editorial que se dedicó a la filosofía tenés la lucha de clases entre cierto tipo de intelectualidad y el sereno; entre el sereno y Silvia 1 y el protagonista, y el triángulo del pasado. No baja línea, es como cubista. Espero q el público tenga una experiencia no concluyente, que haya movido cosas. Para eso está el drama y el cine. Ya está”, concluye el realizador a modo de síntesis de su concepto.
En “Mecánica Popular” se habla mucho de psicoanálisis y, sobre todo, de Lacan. “No lo pienso de manera tan nerviosa como el personaje pero creo que hay mucho de verso, que hay gente que usa ciertas cosas del lacanismo de forma poco creativa y se torna dependiente para no encontrar soluciones. Creo hasta cierto punto en el psicoanálisis”.
“Hay una línea que tiene que ver con transformarnos en el país más psicoanalizado para pagar la culpa de lo que nos pasó en los setenta”, agrega Awada.
“Es que prendió muchísimo el lacanismo y mucha gente la usa de forma miserable la dialéctica y hay que admitir que los argentinos somos bastante verseros”, asevera Agresti.
Se le remarca que “Mecánica Popular” podría transformase en obra teatral, cosa que confirma Marina Gleyzer. Y aclara Agresti respecto del título: “Es raro porque uno va teniendo cosas en la cabeza. En una casa de la costa tengo la colección de la revista Mecánica Popular. Lo único que estudié en mi vida fue electrónica y es mi único hobby. Me atraían esas dos palabras y estaban mezcladas en mi biblioteca con los libros de filosofía. También se dio la oportunidad financieramente para filmarla con tres semanas de ensayo y 17 días de rodaje. Me gusta mucho operar cámara. Fue un lujo, no sé si por las condiciones ambientales porque vivimos dentro de esa historia, pensando que estábamos haciendo algo útil. Por ahí es subjetivo. Pero es claro que quise hacer una película argentina”.
mecanica popularEl resultado: El dueño de una editorial llega a su trabajo y se encuentra con un desperfecto eléctrico, el sereno fallecido y con su negocio a punto de pasar a manos de otro.
Tras esta presentación Alejandro Agresti recurre al flashback y a la teatralización de un encuentro con el pasado que, por momentos se hace literal. Así nos enteramos de cómo se dieron los acontecimientos en medio de diálogos interminables y tan filosóficos como los que el propio protagonista rechaza de plano.
¿Ficción o no ficción? La pregunta del debate entre la joven autora (Marina Gleyzer) que irrumpe en medio de la debacle pidiendo que le lean su manuscrito es una de las tantas que se hace el director. Su alter ego, personificado por Alejandro Awada, harto de las lecturas complicadas y vacías, se niega. Poco a poco, en su historia se van entremezclando las memorias que le provoca la chica, recordándole una situación similar con su mujer (Romina Ricci).
Más allá del esfuerzo de los actores para no sobreactuar los larguísimos parlamentos, la figura de Patricio Contreras como el sereno trae la frescura que la puesta teatral necesitaba. Por su parte, Diego Peretti, como uno de los empleados, está completamente desperdiciado, aunque su personaje sirva para tirar data sobre otros y otra conclusión: las apariencias engañan.
En la telaraña que Agresti armó se extraña la locura de sus primeras obras. Esta, más reflexiva, armada para nostálgicos, con algunos forzados apuntes sobre la historia más dura y reciente, es una declaración de principios. No es poco.

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