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MDQFest 2015: Apostatar como el reflejo de un país

 

WP_20151104_004Como el director uruguayo Federico Veiroj acaba de ser papá de mellizos, el actor y coguionista Álvaro Ogalla y la directora de producción, Guadalupe Balaguer presentaron “El apóstata” en Competencia Internacional en el Festival de Mar del Plata.

“Es mi primera película como actor y guionista. Soy  amigo de Federico desde hace 12 años. Trabajamos en la Filmoteca española durante 6. Después él volvió a Montevideo”, comienza el relato Ogalla. “Hace unos años quise apostatar y me pasó todo eso que se ve en el filme. Fue en 2006, en el contexto de unas leyes progresistas en contra de las que estaba la Iglesia y yo expresé mi rechazo ante eso. A Federico le pareció un reflejo del país, una aventura quijotesca de enfrentarse a una institución caduca, donde las vocaciones no existen, y me propuso fabular en torno a ese hito”

En el guión Tamayo, el protagonista le escribe a un amigo contándole sus peripecias: “Nosotros nos carteábamos y algunas de las cartas están en el guión. Construimos un personaje que somos todos en este momento de ruptura que tenemos los españoles a todo nivel con un nuevo modelo de hombre que no tiene referencias y no sabe adónde dirigir su camino. Federico retrata este tipo de personajes a los que las circunstancias les exige seguir adelante”.

El siguiente reto para Ogalla fue interpretar al protagonista: “Tuve la suerte de que Federico también trabajó en sus dos películas anteriores con amateurs y que otros dos actores me enseñaron, uno a construir una curva emocional en el guión, a gritar a llorar, y el otro, a manejar el cuerpo”.

Ogalla no ahorra elogios para Veiroj, “Es muy afectivo, siente mucho cariño por sus amigos. Me incorporó a su vida. Formamos parte de su clan privado. En sus filmes cuenta cosas de sí mismo, como en ´Acné´, donde cuenta su infancia. Tuvimos retos y bloqueos parecidos. En ´La vida útil´ también me reconozco en algunos episodios. Y acá es evidente el vínculo. Toda la neurosis es suya yo soy el sensato (risas)”.

En cuanto a la acción de apostatar, Ogalla confiesa que “No lo logré. La iglesia lo prohibió. Tiene mucho poder. Lo mío representa la crítica permanente que hace que las cosas avancen”.

Aunque se quedó sin trabajo en enero y admite que “Me encantaría seguir actuando”, lo de Ogalla era “trabajar como técnico de proyección. Actuar es una catarsis, un modo de salirse de sí mismo para mirarte profundamente. Me inquieta. Hice terapia durante muchos años y llegue más lejos en tres meses actuando. Mi personaje no sabe lo que quiere sino lo que no quiere. Federico me dio referencias como ´La prima Angélica´, de Saura, ´Juicio y muerte de Juana de Arco´, de Carl Dreyer, y hasta Chaplin. Pero yo he sido más fan de Keaton porque vive más en el estupor y tiene la voluntad muy firme aunque todo esté en contra y Tamayo tenía que ser así. El reto era conseguir un espacio para el espectador. Con mis pocas herramientas y el miedo lo afronté desde ahí”.

Además se agrega la relación con la prima, que para Ogalla tiene que ver con “la educación que recibió la gente durante la época de Franco, y que sigue atada a las costumbres que no fluyen. Mi generación lo revisa para romper con eso”.

El filme ya se estrenó en España y en Uruguay, presenta un aspecto retro, “Fue una decisión estética de Federico, la poetización”.

Ogalla lleva viajando con la película desde septiembre, pasando por Brasil, Polonia, San Sebastián donde obtuvo dos premios.

Para la productora, lo mejor es que “genera debate y reflexión. Eso es lo mágico porque no te olvidas de la película. La gente comenta entre sus amigos. Te hace replantear un montón de cosas que si no la viste no hubieras pensado. Hay sacerdotes que la han visto y consideran que es respetuosa”.

Es que, según Ogalla, “No atenta contra la fe si no contra las estructuras viejas que no se renuevan”.

el apostataEl resultado: Tamayo quiere apostatar porque no está de acuerdo con pertenecer a la Iglesia como un fiel más. Inicia el trámite y se topa con la burocracia. Mientras tanto no se sabe de qué vive ni cómo paga el departamento, cuestión que luego le recriminará a la prima de la que está enamorado. Tampoco termina la carrera, aunque nunca nos enteramos qué está estudiando y su relación con la familia es mínima, ya que ni siquiera los hace partícipes de su decisión.

Lo suyo es una rebeldía adolescente y se refleja en el desprolijo guión. Se entiende su deseo y sus razones, pero lo que no tiene consistencia es el resto. Con la excepción de una breve escena con su vecina y el apoyo escolar que brinda al hijo de ésta, Tamayo no logra la empatía de los que lo rodean porque los critica a su vez. “El apóstata” se queda a mitad de camino. Como comedia no produce ni una sonrisa, como reflexión aporta poco.

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