Pantalla Pinamar 2017: Del amor al arte y los aviones de papel

Pantalla Pinamar (por Blanca López, enviada especial).- Una nueva jornada comenzó con las conferencias de prensa en el Hotel Algeciras.

Carles Torras, director de Callback

Abrió el juego el español Carles Torras con su “Callback”, rodada en Nueva York, con un equipo muy reducido y de forma independiente. “Costó mucho conseguir ayuda y lanzarme a esta aventura por mi cuenta. El guión lo escribí con el protagonista, Martín Bacigalupo. Después fuimos al Festival de Málaga, y no era la favorita. Fue la primera vez que ganó una película hablada en inglés, compitiendo con grandes producciones”.
“La idea de la película la tuve yo, sobre un actor que tiene que ir a muchas audiciones, pero que necesita tener un trabajo diario. Era lo que le pasaba a Martín, que era actor de teatro y vivía ahí desde hace 8 años. No sabía escribir un guión, ni había estado en un filme, pero se encargó de los diálogos. Tiene talento, son delirantes, las situaciones son muy graciosas”.
A Larry Fessenden “tuve la suerte de conocerle, en el Festival de Sitges, surgieron proyectos en los que trabajamos juntos como el documental ´American Jesus´, sobre el fundamentalismo evangélico en Estados Unidos, del que él es productor. Nos hicimos amigos, aunque costó por una cuestión de agenda”.
“Como motor de la película pusimos la barrera cultural, y también está el tema de los castings y de los rechazos. Es normal porque cuando se es actor vas como otros 200 y a veces te tratan de forma humillante y te sientes ridículo. Nos nutrimos de anécdotas reales. Asimismo lo de la identidad, ya que él tiene que presentar documentos falsos para conseguir un trabajo, todo iba alimentando la creación del personaje”.
“Actúa de forma diferente cuando está solo y cuando está con otras personas, ahí se pone una máscara con la que se relaciona con el mundo exterior. Intenta mimetizarse con el entorno e imitar lo que sería un estadounidense. Tenemos esas dos esferas. Su motivación es querer sentirse parte de esa sociedad. Percibí en cierto tipo de inmigrante latino, avergonzarse de eso e intentar ocultarlo”.
Las localizaciones fueron buscadas “de forma pintoresca, en el peor sentido de la palabra”, como el departamento “a un metro de las vías del tren, escuchando permanentemente su ruido”.
En Nueva York, cámara al hombro, movilizándose “en una furgoneta, no tienes que pedir permiso para filmar porque éramos de 15 personas. Nadie nunca nos dijo nada. No llamábamos la atención, además trabajamos con actores no sindicados, ya que las normas para pertenecer son muy duras”.
Fue terminado en Barcelona, ya que en Nueva York no los dejaron f ghtfilmar en una iglesia evangélica… y en esa ciudad española había un actor norteamericano.
Ganadora de otros premios como el del Jurado en Bélgica, y Mejor Guión, en Marsella, ha ido por muchos festivales, con buena recepción, “ya que es provocadora y desafía al espectador , y se puede prestar a interpretaciones erróneas. Pero me parece que es la sociedad norteamericana donde tienes el discurso del sueño americano y, por otro lado, se excluye a la gente o hay grandes diferencias entre las clases sociales. Y este personaje se cree lo de la tierra de las oportunidades, pero no puede asumir la frustración de no poder conseguir lo que quiere. Es como una gran campaña de marketing”.

Productores de “El auge del humano”

Coproducción con Mozambique y Brasil, entre otros países, “El auge del humano” fue filmada en siete naciones, incluyendo Filipinas, contaron sus productores.
Cortometrajista, Eduardo “Teddy” Williams ya tiene experiencia en filmaciones en el extranjero. Al principio queríamos filmar en un país asiático y en uno africano, pero después lo de rodar en tres países periféricos era lo que queríamos, no preguntes cómo pero lo conseguimos”, comentó entre risas Jerónimo Quevedo.
Las estructuras de rodaje fueron muy pequeñas, de 5 a 20 personas, según el lugar, y buscando locaciones casi un mes antes. “La recepción en cada país fue fabulosa. En Mozambique para el casting pegamos papelitos en la calle. En la puerta del galpón había 300 personas esperando, todas entusiasmadas de estar en una película latina”.
“La idea es estrenar en Buenos Aires el 1° de junio, tras su paso por festivales. Hay una forma de narrar de Teddy, que no le gusta a todo el mundo, pero mucha gente nos dice que es algo novedoso, que los moviliza”.
“Cuando uno ve la película parece improvisado, pero está trabajado con un guión muy sólido. Teddy empieza a escribir como si fuera una especie de cuento. Cuando conoce a los actores, se modifica el guión con elementos que traen de sus lugares que después se muestran en la película”.

La actriz de “La graduación”, junto a la agregada cultural y la embajadora de Rumania

La actriz Lia Bugnart, la embajadora de Bulgaria, Carmen Podgorean, y la agregada cultural, Sena Latif presentaron “La graduación”.
“El arte habla por sí mismo”, comenzó Bugnart, lamentando la ausencia del director, ofreciéndose a ser el nexo para comentarle lo que sucede en Pantalla Pinamar. “El sabe muy bien lo que quiere y cómo quiere que sea el personaje y que las cosas ocurran. Sólo hay que escucharlo. Ninguno de los actores tuvieron el guión completo. Así que solo sabía lo que iba a pasar desde mi punto de vista. El quiere prevenir que el actor tenga una opinión de cambiar algo. Se filmó en orden cronológico, lo que es un lujo que no muchos realizadores se permiten. Todos estábamos alojados en el mismo lugar, pero yo actuaba también en teatro en Bucarest, y cuando me iba venía la que hacía de la amante, igual que en la película”, contó entre risas.
Como consecuencia del período comunista, “cuando todos se querían del país y no podían, los padres rumanos crían a sus hijos con la idea de que les va a ir bien en otro lado. Pero también funciona como metáfora por las elecciones que uno hace en su vida, y de qué lado del bien o del mal se pone. El problema es que estamos buscando las soluciones afuera, en vez de hacerlo dentro suyo”.
Además de actriz, escribe teatro, brindando gran importante a las mujeres, “que somos iguales en todas partes del mundo, ellas son las que hacen las reglas”.
La intérprete remarcó que es una élite el público que sigue su cinematografía, pero se alegran de los logros de los filmes, “aunque deciden ver la realidad maquillada en producciones americanas. No les gusta la realidad, porque la conocen”.
“A través de festivales o, aunque no me gusta, por Internet, conozco el cine de mi país”, aseguró también la funcionaria, que también habló de cómo la filmografía de Argentina se ve en varios festivales, todos los años, y que influye además la cantidad de actores que filman en España. Y enfatizó la comunidad tanguera rumana como público fiel. Hubo propuestas para coproducir entre ambos países.

La productora Shapiro, de “Hermia & Helena”

Después de su participación en la Competencia Internacional del Festival de Mar del Plata, “Hermia & Helena”, de Matías Piñeiro, contó con su productora Melanie Shapiro, cuarta entrega de su trabajo sobre las comedias de Shakespeare, centradas en los personajes femeninas.
“Fue un desafío filmar incorporando gente nueva y dinámicas de trabajo. Pero a la vez armónico, porque Matías buscó amigos”, contó Shapiro sobre el rodaje en Estados Unidos donde el realizador vive ahora.
Piñeiro no hace castings, cinéfilos, directores de cine y gente de teatro independiente son los actores con los que cuenta en sus historias.
“Los enredos, desamores, elementos que están en esas obras llevarlas a la actualidad, sin hacer una adaptación literal” conforman el universo que se desarrolla en la pantalla.
Con una primera proyección en Locarno en agosto del año pasado, el recorrido terminará en el estreno nacional, para la misma época este año. Entre los planes se encuentra un corto sobre “La tempestad”.

Dylan Parker, junto a la traductora, y personal de la embajada australiana

“Me encantó que una película para chicos les haya gustado tanto”, comenta Dylan Parker, el inspirador de “Aviones de papel”, en una conferencia de la que también participaron Hamish Fraser, agregado cultural y Cecilia Fernández, coordinadora de Presencia del Cine Australiano en Pantalla Pinamar.
A los 21 años Parker faltó a una clase de universidad para participar de un concurso de Aviones de Papel, sin saber que existía un Campeonato Mundial. Cuando se preparaba para ir tuvo que operarse de un tumor en la cabeza del tamaño de una pelota de golf. Me dediqué a hacer avioncitos mientras me recuperaba. Después salió tercero, y fue increíble “fue una competencia muy seria entre 85 países”. Tras ese paso a la fama las escuelas le pidieron que fuera a enseñar a los chicos, y se hizo un documental. El director quiso hacerlo en grande, quien pensó en convertirlo en un filme para chicos, un género descuidado en Australia.
En uno de las escenas se lanzaron 4000 avioncitos de papel, pero se hizo increíblemente popular porque los chicos podían lanzarlos “de manera legal y no a la espalda del compañero”.
Para sorpresa de sus padres, Dylan comenzó a ir por las escuelas, fundar su propia compañía y dedicarse exclusivamente a esto.
“Las cosas más pequeñas e insignificantes pueden convertirse en las más importantes. Es para mí el leitmotiv. Me siento honrado de esta oportunidad. En 20 años los chicos van a ser líderes, y tener la posibilidad, cuando lo influís a hacer algo que es bueno, es realmente positivo. Todos pueden formar parte de un avión de papel, sin distinción de raza, de religión, de ideología”.
Empezó con una idea muy simple, pero tuvo que demostrar cómo podía influir en la escuela, y “mejorando, ya visité casi 200 escuelas. Se produce un efecto cascada entre alumnos y maestros. Igual ayuda mucho tener una película atrás”, contó entre risas. “Y divertirse lo más posible. Las escuelas australianas tienen un presupuesto para actividades extracurriculares y voy viajando de unas a otras con la ayuda de sponsors”.
“Me gustaría que se estrenara aquí, incluso encontré un DVD ilegal en India. Un evento como Pantalla Pinamar es importante para que se conozca la filmografía australiana”.
La relación con su abuelo fue crucial, “él me mostró cómo hacer aviones de papel, mostrando qué hacía o no pudo hacer cuando tenía mi edad. Un pedazo de papel no cambió en 100 años y es el mismo que pudo haber usado tu abuelo para hacer un avión cuando era chico”.
“Fue una experiencia increíble. En IMDB me encuentran como el primer consultor en construcción de aviones de papel. Fue complicado hacerlos volar en el rodaje, mantenerlos en vuelo, hacer origami que se sostenga. Todos se involucraron en hacerlos. No se podía entrar al set sin hacer uno. Todos eran expertos en eso porque casi todos habían hecho uno en su vida. El protagonista ya es conocido por películas y por la televisión, y es increíble verlo a sus 11 años”.

El productor de “Julie”

La última charla fue sobre “Julie”, con su productor Mariano Baratech, “una película independiente, en la que la gente que participa de ella casi no cobra nada, con un reparto y técnicos, casi todas mujeres, menores de 30 años, con ganas de hacer sus huecos en el mundo del cine”. Partiendo de un crowfounding, fue filmada en una ecoaldea, donde viven unas 70 personas, ingleses, checos, polacos, alemanes y algunos españoles, en Galicia, en el camino de Santiago. Varios de ellos participan en la historia.
“Hay dos planos, gente que huye de las ciudades, de su pasado, como Julie. Encuentra una forma de vida que tampoco se quiere idealizar. Es muy duro, sobre todo en invierno. Son gente muy tenaz, con conflictos. No hay policías, no hay normas, no hay leyes. Los niños son muy creativos. Todo es participativo. No es algo idílico, ni fácil”.
La directora filmó un documental sobre formas alternativas de vida y luego convenció a esa gente de hacer esta ficción, “durante el proyecto la resistencia siguió activa y hasta nos quemaron un generador. El resto participó en talleres de actuación. Otra gente no quiso saber nada. Dormíamos en sus casas, no querían saber nada de botellas”.
Premiada en Málaga, ha participado en varios festivales, pero la distribución fue netamente independiente. “Fue hecho por amor al cine, por posesionarte, por estar haciendo algo y no estar parado”, se sinceró Baratech.
Entre otras actividades, se destacó el cóctel organizado por la Embajada de Rumania, que siguió al del domingo, el que la de Australia ambientó con un simpático canguro y una gigantografía de la Opera de Sidney, como siempre, en el Hotel Playas.

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