Baradero 2019: El Indio Lucio Rojas consagrado por el público

Baradero (por Luis Digiano, enviado especial).- El Indio Lucio Rojas cumplió con creces su actuación en la primera velada de la 45° edición del Festival de Música Popular Argentina Baradero 2019, consagrado por el público, agregando a su impecable recital el final con Los Rojas, con la aparición de Jorge en escena, sumándose a Alfredo y al menor de los hermanos.

Otros de los artistas destacados de una velada con el Anfiteatro Municipal cubierto en un 60% fueron Adrián Maggi con su canto surero, el formoseño Lázaro Caballero representando al litoral, Antonella Fernández, dirigida por el maestro Daniel García, dejando muy bien parado al 2×4, el innovador cantante cordobés Andrés Clerc, los virtuosos músicos de Dos Más Uno y Martín Paz con su fiesta santiagueña.

“Marca borrada”, “Chaqueñamente”, “La taleñita”, “Culpable de este amor”, “Eterno amor” y “No me abraces porque lloro” fueron algunos de los momentos de más altos del clima de la actuación consagratoria del Indio Lucio Rojas. En el final, cuando parecía que todo había terminado, el pedido del público lo hizo volver a escena, pero ahora con los Rojas para regalarle a sus fieles seguidores: “Celoso no soy”, la emotiva “Una zamba en el cielo” y “De esas que te hacen llorar”, culminando con la gente de pie, poniendo su impronta para una muy merecida consagración de Baradero.
Habitué del encuentro festivalero, Adrián Maggi hizo gala de su compromiso con las milongas fogoneras con temas profundos del estilo de “Mate amargo compañero”, para el lucimiento de bailarines ritmos de la llanura pampeana como la huella y el triunfo. Con el grito de “Viva la patria”, acompañado por el Taller del lenguaje de señas de Baradero, interpretó la testimonial “2 de abril” y cerró con “El cantor debe ser libre” redondeando un set compacto e impecable del cantautor de San Andrés de Giles.
La agrupación Dos Más Uno compuesta por los inmensos guitarristas Marcelo y Hugo Dellamea más el aporte de la percusión de Ariel González, convirtieron el predio en un templo con un puñado de clásicos: “El olvidao”, “Amarraditos”, “Luna tucumana/ Luna cautiva”, y “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, con la introducción rockera de “Humo sobre el agua”, de Deep Purple.
La juventud de Antonella Fernández brindó a la música ciudadana, con la dirección musical del maestro renovador Daniel García, un aire fresco revalidando el premio Revelación 2016 en el rubro folklore. Innovadora, pero con estilo bien personal, desgranó “Pasional”, “Naranjo en flor”, “Balada para un loco”, “Honrar la vida”, el candombe “Tango negro” y la unión de “Recuérdame”,  tema central de la excelente película “Coco” de Pixar, mixturada con una estrofa de “Uno”.

Combinando el más puro folklore con la fusión cuartetera- rockera, Andrés Clerc, joven cantor de Bell Ville, que impuso su fuerza en temas como “El olvidao”, “Desde el puente carretero” y su homenaje a la inolvidable Tamara Castro con la “Zamba de amor en vuelo”, de Jorge Milikota.
La chacarera santigueña llegó de la mano del ex Manseros Santiagueños, Martín Paz, hijo de Onofre Paz, quien entonó un repertorio recordando sus años en el grupo con composiciones emblemáticas como “Otoño y flor”, “Semilla de chacarera”, “Zamba de tu adiós”, “Adiós que te vaya bien”, y el clásico”Eterno amor”.
Chamamé, polkas y ritmos característicos del litoral fueron los elegidos por Lázaro Caballero, recordando su consagración del 2008, con mucha más experiencia y un gran sonido secundado por su compacta y pareja banda.

Completaron la velada Hugo Castiglioni, Daiana Paniagua, José Mena, y los ganadores del Pre Festival CheCatalán (dúo vocal), Julio Duarte (solista intrumental), Franco Coria (cantor surero solista), Julio Alvarez (malambo norteño) y Los Maldonado (canción inédita).
La danza contó con el protagonismo del Ballet Municipal Sixto Palavecino de muy buena perfomance y colorido.

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Miguel Vitagliano: La Guerra de la Triple Alianza con la mirada del Dante

Cuando recibimos “Enterrados” (Edhasa), de Miguel Vitagliano, su intensidad y la gran cantidad de información literaria e histórica que contiene, nos llevó a pedirle una entrevista para #ElResaltador.
ER1-¿Cuándo empezaste a trabajar en “Enterrados” y a partir de qué?
MV-Las historias de cuándo comienzan las novelas siempre tienen un momento previo. Es decir, siempre hay un comienzo anterior al que uno cree recordar. Durante un tiempo bastante largo estuve leyendo e investigando sobre la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870), la guerra más cruenta que conoció América Latina y que definió el carácter moderno de los cuatro países que un siglo después conformarían el Mercosur: Argentina, Brasil y Uruguay, y por otro lado Paraguay. Quería escribir una novela sobre esa guerra, pero después de reunir todo el material entendí que allí no había una novela para mí. Podía haber una novela para otro autor, pero no encontraba la novela que yo quería escribir, o mejor la novela que yo quería leer. Abandoné el proyecto. Lo retomé años después impulsado por una idea: la traducción que había hecho Bartolomé Mitre de La Divina Comedia. El punto que me atrajo no era solo que Mitre era, en buena medida, el artífice de esa guerra que comenzó bajo su mandato presidencial (1862-1868) y que él condujo militarmente, sino un mito que circulaba y que decía que Mitre había traducido varios de los cantos del “Inferno” de Dante en medio del campo de la batalla. Lo que me interesó no era hacer de ese mito una verdad novelesca que justificara la trama. Nada de eso, me interesó que eso que tanto se repetía como verdad fuera desmentido por la ficción de la realidad: el campo de batalla era un infierno que Mitre en buena medida había construido, así que de ningún modo Mitre quiso pensar en el poema de Dante, ese libro que lo apasionaba y que lo acompañó durante cuarenta años. En ese desconcierto se tejía la trama de la novela que a mí me interesaba leer, entonces comencé a escribirla.

ER-¿Cuándo decidiste el título y por qué?
MV-Cada vez que me sentaba a escribir era para mí una cita con el enterrado. Ese personaje tenía ese nombre para mí, el enterrado. Me esperaba atrapado entre los cuadernos y mis notas. Cuando terminé de componer la novela, entendí que en realidad no había solo un enterrado, sino que había otros en esas circunstancias, aunque no en la misma situación.

ER-Hay dos parejas en tu novela, Mitre y Delfina, Elisa y Solano López ¿por qué las elegiste?
MV-No sé si realmente elegí las parejas. Elegí a Mitre y la Guerra, y los demás se impusieron. Si es que hay algo así como una elección no soy el que pueda dar una explicación.

ER-¿Cómo llegaste a la versión de Mitre de la Divina Comedia?
MV-Mitre es un personaje que ha modelado los pilares fundamentales de lo que conocemos como la historia del país del XIX. Un intelectual con el que, de un modo u otro, nos tropezamos constantemente en nuestra vida cotidiana, no sólo porque forjó el modelo heroico de San Martín y Belgrano, por ejemplo, sino porque fundó un diario como La Nación. Un historiador, un militar, un político que llegó a la Presidencia, pero también Mitre es el traductor del máximo poema que conoció Occidente: una combinación de épica e historia, de análisis político, de cuadro de costumbre y de examen de lecturas literarias que se traman como una narración novelesca. Y que Dante escribió en una lengua nueva. Mitre realizó la traducción de La Divina Comedia aspirando a que el destino de nuestro joven país, y su lengua nueva, buscara su modelo redentor en esa referencia. No es un detalle menor que Mitre estuviera convencido, y así lo dejó asentado, que su traducción era la mejor que se había hecho de la obra de Dante en cualquier lengua.

ER-La Guerra del Paraguay y, sobre todo el advenimiento de Mitre a la presidencia, son el comienzo de una nueva etapa en la vida política argentina, ¿pesaron como razones para que sean el centro del argumento?
MV-Estoy de acuerdo con eso, por eso destacaba (ver más arriba) las consonancias entre los países que intervinieron en la Guerra de la Triple Alianza, la Guerra Grande, y lo que sucede un siglo después con la construcción del Mercosur en medio de la globalización.

ER-Llama la atención el recurrente tema de las piedras, ¿podés ahondar en eso?
MV-Es que el enterrado está hundido entre escombros y hace de esas piedras una especie de “Teatro de la Memoria” que le permite vincular distintas situaciones y personajes. Está en esa situación a causa de un derrumbe, y lo único que sabe es que estará vivo mientras pueda contar. No contar las piedras, sino contar a partir de lo que ellas pueden evocar. Sin duda hay una analogía con La Divina Comedia. En una el poeta se mueve entre sombras que evocan historias, el enterrado en cambio está detenido entre piedras y las hace hablar.

ER-El hilo narrativo salta de una frase, a un escritor, a una situación, a una película, y en el final hay un glosario con todos los nombres que aparecen en el libro, ¿cómo desarrollaste esa estructura?
MV-No comparto la idea de que haya “saltos”. Eso sugeriría cierta desconexión entre los momentos que componen la narración y, por lo que hemos estado conversando sobre las relaciones con La Divina Comedia, resulta evidente que eso no podría ser así. La sintaxis de la primera parte de El sonido y la furia, de Faulkner, está motivada por el narrador, en Enterrados podríamos observar algo semejante, aunque sólo en algunos pasajes, ¿no cree usted?

Tal vez la sintaxis nos haya jugado una mala pasada, pero las palabras están para ser escritas, leídas, explicadas, y siempre es un placer que lo haga el propio escritor. “Enterrados” nos pareció una obra curiosa. Esos “saltos” nos hicieron recrear diferentes momentos de la Historia y la literatura, nos pasearon por situaciones y nos sumergieron en la intimidad de dos parejas que no conocíamos de ese modo. No sugeríamos desconexión alguna, más que nada nos enganchamos con las diferentes aristas que el narrador encontraba en cada piedra. Con Vitagliano descubrimos también ese infierno de La Divina Comedia, que dejaba el Viejo Continente y nos acercaba al que se vivía en el hemisferio sur con la Guerra de la Triple Alianza. Un hallazgo.

Festival Historias Que Enamoran: el triunfal regreso de la novela rosa

Un mundo aparte. Grupos de fans de distintas escritoras. Grupos de lectura. Facebook está repleto de ellos. Lejos del marketing convencional la convocatoria no da abasto y la sala del Auditorio Piazzolla del Centro Cultural Borges contiene un 99% de mujeres. Pocos hombres y acompañados completan el panorama.
En el interior, la escenografía incluye flores, portarretratos, velas, sillones y una pantalla que replica las fotos de Instagram y los tuits de las que esperan pasar una jornada inolvidable, con la consigna #FESTIVALHQE. Moderada por Silvia Itkin, Julieta Obedman y Patricio Zunini, bautizado como “el profesor de la Casa de Papel”, fungen como moderadores.
Frente a las puertas del Auditorio, los estantes están listos para la venta. Dos momentos de transición programados se convierten en focos que la organización deberá aceitar para la próxima: el almuerzo, donde la mitad se desbandó hacia las Galerías Pacífico para comer, y la otra mitad para hacer compras; y la firma de autoras, que tuvieron que interactuar paradas con sus seguidoras.
El hielo lo rompió Gloria V. Casañas, quien confesó que en sus comienzos “todo salió de mi propio interés de cosas que me gustaban. Las lecturas son fuente importante y son el eje de una nueva novela o un personaje que puede ser un héroe”.
“La investigación es cómo estudiar para un examen. Armo carpetas grandes como un bibliorato. Toda esa escritura la hago a mano, y los puntos de interés los marco con resaltador, según el color”.
Cada autora además regala consejos: “En la novela romántica siempre es bueno que haya un atormentado. La protagonista tiene valores lindos para resaltar. Voy descubriendo el personaje y sus recovecos, armándolo a medida que escribo. A veces me ofrece cosas inesperadas. Siempre es más lo que se investiga que lo que se puede escribir. Es muy valioso que la gente aprenda historia y a mí no me importa que me digan que es una novelita rosa. Rosa es un color que me encanta, pero me gusta mucho el policial también”.
Contó que “cada novela tuvo su rincón especial en la casa”.
Los finales felices parecen ser una característica primordial de la novela rosa, sin embargo, para Casañas “Amalia tiene un final desastroso y es la novela romántica nacional con un contexto histórico muy fuerte, con traiciones, intrigas, y el mismo amor que ella es reticente a mostrar. Pero con final trágico, pero el romanticismo tiene al amor ideal como meta. Por eso las nuestras son posmodernas, porque el final es feliz”.
Algo que tienen en común la mayoría de las escritoras es que los personajes se mueven en un universo que para Casañas es un “círculo de amigos”, ya que aparecen en una novela y otra, o como protagonistas, o como secundarios. Y hasta hay algunas que los “prestan” para que aparezcan en un libro de otra.
Casañas prefiere el siglo XIX porque “es el pasado con una especie de apertura a lo que se viene. Un siglo de cambios, que es una combinación ideal. Si estudiamos la traición, los celos, la pasión, entendemos cómo somos hoy: la retórica heredada de los españoles, pero sin hacer nada, ya que no son ejecutores” En ese contexto resalta la figura de Domingo Faustino Sarmiento.
Su último libro, “La mirada del puma”, es un regreso a la Patagonia y su primera novela contemporánea, “En Alas de la Seducción”: “Me gusta innovar, no repetirme, no usar clichés, usar caminos inesperados. No odio ni a mis villanos, si tuvieron que morir fue por una decisión dramática”. Para finalizar, prometió sorpresas y continuar con el tema de la frontera, el choque de cosmovisiones y culturas.
La propuesta de Penguin Random House continuó con dos escritoras cordobesas, Graciela Ramos y Fernanda Pérez, que dieron tips acerca de cómo escribir una historia de amor, hay tres clases:
-Los protagonistas se ven y se enamoran, pero con todo en contra de ese amor. Modelo Romeo y Julieta.
-Comedia romántica. Se odian, no se soportan. Ellos no saben que se van a enamorar y el lector, sí. Estilo Orgullo y Prejuicio.
-Complicidad, se conocen de chicos, pero en algún momento pasa algo… como en Cumbres Borrascosas.
Casi todas las novelas que leemos tienen esos ejes, los ingredientes son los mismos, pero a cada una le sale diferente. De ahí surge la pregunta ¿cuál es la forma para escribir una historia de amor?
1-Personajes: Tenemos que hacer creíble que tengan que forma de construir ese amor, con códigos en comú, puntos culturales que excedan la atracción, la sensualidad.
2-Detalles: Las historias están construidas por detalles: una fiesta, caricia, mirada, palabra, regalo, carta, que sólo tiene valor para esas dos personas y las enriquecen.
3-Escenario: Dependen del período en que transcurre la novela y los personajes tratan de romperlo con valentía, con un costo, algún gesto o característica de la época. Estas novelas históricas tienden a poner a la mujer en esas situaciones. Cómo piensan, las características culturales son muy importantes.
4-Conflictos: Los únicos que valen son los internos. La investigación sigue a la profesión y a su psicología. Tienen que ser creíbles.
5-Erotismo: En este apartado les toca leer a cada una, “me da vergüenza leer esto”, admite Ramos, “pero escribirlo, no”, retruca Pérez. Las carcajadas lo confirman. El proceso puede ser catártico “en mi casa ya saben por qué lloro”, concluye Ramos, antes de que ambas pregunten al público si prefieren un final feliz o no.
Tras el receso, Gabriela Margall nos sumerge en la historia de la Historia: “los dos mecanismos son válidos, que se empiece con elementos de la Historia o con historias a las que hay que encontrarles un período histórico”.
A instancias del titular de su cátedra en la universidad tenía que elegir entre investigar o escribir novelas, ya que las dos cosas al mismo tiempo no podía, pero en ese proceso descubrió que “Yo soy una Escritoria”, un fallido que la define.
Es la investigación lo que más le gusta. Por ahí recibo un dato y se crea un ovillo, y comience la apropiación. Después se piensa en el argumento. La investigación te brinda mucho material para agregar a la novela, incluso personajes y situaciones. Es un período abierto, el de escritura es más cerrado. Me gustan los períodos planchados, con algo que viene a molestar, como las invasiones inglesas”.
Hay una tensión entre la historiadora y la novelista y lo resolví diciendo: “Estos son mis personajes. Por ejemplo el Rosas es uno en La Princesa De Las Pampas, y otro en La Dama de los Espejos. Mientras la historiadora trabaja y se fascina con los personajes históricos, la novelista descansa”.
Mirta Pérez Rey, Andrea Milano, María Border, Mariana Guarinoni, Camucha Escobar, Anabella Franco y Carolina Macedo, jugaron al Yo Sí/ Yo Nunca, con preguntas sobre si están enamoradas de sus personajes, experiencias propias y escenas de sexo.
Entre las respuestas más ocurrentes: ¿Alguna vez te vengaste de alguien convirtiéndolo en personaje?: No corre sangre, pero es eterno y super elegante, contesta Macedo. O ponerles su nombre a personajes que la van a pasar mal, como forma de catarsis, admite Guarinoni.
Para Escobar, el amor de toda su vida, de hace 36 años, “se la bancó, se la banca y encima cocina. Siempre me dio un espacio”. Para Mariana, acompañada desde hace 26 años, el apoyo de la pareja es fundamental. Ante la pregunta: “Mamá, ¿qué comemos?”, la respuesta es “No sé, preguntale a papá”.
También se suceden las anécdotas sobre sus experiencias con lectores o en librerías, la mejor fue la de Camucha acosada por una fan en una sala velatoria. Mientras María le pondría flores a un estante con sus volúmenes, a Carolina, que es muy tímida, le daría un ataque cardíaco si se le acerca alguien.
A algunas las inspiran cosas trágicas, o cuentan que la escritura les sirve para descargar la angustia, pero ninguna modificó un texto por el que dirán. Camucha dice que no es un acto placentero, es una buena manera de hacer catarsis y exponer tus miedos a quedarte sola, a la muerte…
Sin embargo, Franco admite que la vida que llevamos no nos deja escribir con la tranquilidad que queremos.
María se queja de que escribió un libro por presión de sus lectoras y pide perdón porque para ella es insoportable, desde la platea le dicen lo contrario, y, por supuesto, todas anuncian sus próximos libros.
El final es con Florencia Bonelli y su agradecimiento eterno a sus lectoras, con quienes comenzó desde “Marlene” un sistema de comunicación, ahora por redes, antes por mail. La primera fue, nadie menos, que Gloria V. Casañas.
“Vengo de una familia muy católica, muy conservadora, y fue arduo romper con eso, y yo dejo brotar porque nada me escandaliza”.
“El árabe” fue un libro que le prestó su suegra y dio comienzo a todo. Conoció la astrología a los 40 años y, en sus propias palabras, le abrió las puertas al autoconocimiento, por eso escribió la colección para adolescentes, para que tengan una herramienta para que se relacionen con los otros y su entorno. Concibe la astrología como herramienta de poder.
El resto de la charla se concentró en su próximo libro, anunciado para el mes que viene, sobre la Diana, el personaje secundario de Caballo de Fuego, que tardó mucho en escribir porque sufrió una depresión en el medio a causa de la investigación de las masacres de la guerra que protagoniza: “Me estaba bombardeando de temas oscuros. Corté y me distraje. Después retomé más tranquila. Me gustaría ser como ella, la admiro porque está cuerda y está viva. Fue difícil escribir su camino de sanación”.
“Empecé a escribir porque me desbordaba”, culmina, para sellar el encuentro con una historia de amor, la ella con su marido, Miguel, a quien conoció en Económicas, y gracias, a su madre, el libro que la llevó a su profesión actual. El destino quedó así sellado, como en las novelas.

Cosquin 2018: Moda y Folklore, el toque frívolo sobre el escenario

15- Para las promotoras de Salta, camisa blanca y el poncho rojo característico de la región usado como pollera. Uniforme simple y efectivo.
14- Martina, la hija de Peteco Carabajal, eligió vaqueros y musculosa negra para lucir sus “Riendas libres”.

13- Canalizando a Frida Kahlo, Charo Bogarin se esmeró, como siempre, para no pasar desapercibida.
12- Para el Ballet Folklórico Nacional y el Ballet de la Provincia de Santa Fe valieron las telas superpuestas y los colores sólidos, que permitían movimientos amplios. Las sonrisas, el adorno más codiciado.

11- Floreado el vestido de Daniela Azás, resultó el as en la manga de la cantante de “La negadora”.
10- Acorde con el estilo de su equipo, Silvia Zerbini, la directora del Ballet Folklórico Nacional, resolvió con sencillez sus apariciones en el Atahualpa Yupanqui.
9- Lo de Nathalie Allende fue maratónico ya que, no sólo condujo Cosquín, sino también las galas del Pre Cosquín. Para el frío eligió el poncho blanco sobre los hombros.
8- Insuperables, las chicas que ilustraron la noche latinoamericana con caporales y sayas, brillaron con sus trajes y sus envidiables piernas.
7- Rojo y Yupanqui para enamorar a la Próspero Molina, la Bruja Salguero no necesitó más.
6- La revelación fue Elisabet Schmidhalter, la mitad de A La Par Dúo. Además de cantar muy bien fue una de las más elegantes del Festival.
5- Vitalidad es lo que transmitió Micaela Vita a través de su actuación como voz principal del grupo Duratierra, con un conjunto de pantalón en el que los colores de la diversidad se dieron cita.
4- La elegancia de Milena Salamanca dio marco a su sobrio bloque.
3- El glamour regresó a Cosquín de la mano de su ex conductora, Maia Sasovsky, quien, a diferencia de la actual, se permite desafíos y los lleva con audacia.
2- Estampados para Soledad y Natalia Pastorutti, en distintos colores, con el mismo diseño. La Sole repitió los aros de su recital del día anterior con Nahuel Pennisi en un balneario.
1- Pantalones blancos, remera y saco largo bordado negro a juego, así Patricia Ratti se jugó y ganó al público tras el arrollador paso de Luciano Pereyra. No era tarea fácil. Tal vez no sea demasiado conocida, pero tiene lo necesario para sobresalir.