Pantalla Pinamar: Entre la búsqueda de la identidad y el snobismo

Pantalla Pinamar (por Blanca López, enviada especial).- La jornada comenzó con el anuncio de las nominaciones de la Asociación de Cronistas Cinematográficos para los Cóndor de plata, que lidera “El patrón, radiografía de un crimen”, con 12, seguido de “Eva no duerme” (11), “El clan” (10), “Kryptonita” y “La patota” (8), y “Mi amiga del parque” (6).

Pablo César habla sobre su próxima película
Pablo César habla sobre su próxima película

Preparando la presentación de su próxima película, una coproducción con Namibia con seis meses de trabajo previo y 5 semanas de rodaje, más 1000k de equipo porque filma en 35mm, Pablo César aclaró que “intentamos que cada país aporte lo de cada lugar, con postproducción en Argentina”.
Este viaje de coproducciones con diversos países de Asia y África “me fue cambiando mucho y trato de compartirlo como puedo de la forma que filmo. Es como tomar conciencia de lo que nosotros pensamos o de lo que nos hicieron creer. Cito a la canción de John Lennon, ´Imagine´ donde dice ´imagina que no hay países´. En cuento a la temática, con base en la realidad escribí ficción sobre la experimentación con la raza negra para su extinción”.
Junto a él estuvo su productor, Pablo Ballester, amigo desde la infancia, que confesó que, como en la película se denuncia a un médico, responsable por esos experimentos, “no sabemos si podemos entrar en Sudáfrica”.
El estreno está planeado para fines de agosto.

Patricio Contreras y Alejandro Agresti por Mecánica Popular
Patricio Contreras y Alejandro Agresti por Mecánica Popular

Tras ellos presentaron “Mecánica popular”, su director Alejandro Agresti y uno de los actores, Patricio Contreras.
“El protagonista es antipático, retorcido, un antihéroe prohibido en los cánones comerciales del cine. Es parte del reto de querer hacer algo diferente, tocar ciertos temas. Uno toma el riesgo de que a algunos les va a gustar y a otros no. Además, con Alejandro Awada somos muy parecidos”.
Siguiendo con la trama, “Ahora, por cuestiones familiares vuelvo al país, pero algunas cosas se ven mejor a la distancia. En ´El acto en cuestión´, no hay ni un fotograma de acá, pero es una película argentina. Uno va viendo los procesos a saltos porque vivía mucho tiempo en Holanda o en Estados Unidos, y cada vez que volvía decía ´Acá pasó algo´. Todos hablaban de ideología y psicoanálisis, y me dio qué pensar sobre que las palabras visten a las personas, que hay una burguesía intelectual, ese tipo miserable que sólo habla con la dialéctica. Hay que gente que usa y abusa de las palabras”.
Para Patricio, “Trabajar con Alejandro es muy grato y es un constante riesgo también. Es como ser un bailarín al borde del abismo, la puesta en escena puede cambiar todo el sentido del guión. Además, después de vivir 40 años en Argentina me tocó hacer de un chileno que lleva 40 años en el país (risas). En cuanto al acento, como dice Brandoni, yo hablo un dialecto”.
Los fascículos de “Mecánica Popular estaban en la biblioteca entre Aristóteles y Descartes y eso incidió mucho en cómo nació el filme. Patricio vendría a representar gente que conocí en el camino. Y el tema es el snobismo contra bucear en los temas. Él es el que lee con los pies en la tierra, que no usa la dialéctica para lustrarse, en vez de ilustrarse. Es peligrosa la filosofía para vestirse de culto y puede terminar en cosas feísimas sociales”.

Director, elenco y equipo técnico de Guaraní
Director, elenco y equipo técnico de Guaraní

Tras la proyección de “Guaraní”, “Fue emocionante que la gente se acercara y me dijera qué les transmitió. Fue la primera vez que la veía un público latino y necesitaba ese recorrido”, afirmó su director Luis Zorraquín.
“Durante 9 años fui a trabajar a Paraguay por publicidad y así nos conocimos con los productores. Queríamos hablar de una cultura que nos une a todos, de la migración, de la frontera que se desdibuja, del corazón, de la humanidad. No nos quita la identidad, sino que estamos compartiendo”.
Una segunda etapa estableció “convencer al equipo paraguayo de trabajar juntos. El proyecto que le presentamos tenía un mapa. Y la realidad fue otra”.
Filmada en el Chaco, salvo un plano del puente Zárate- Brazo Largo y otro en la General Paz, los productores admiten que “Nos costó mucho resolver el tema del elenco para que cambien los tonos”, ya que el relato abarca un viaje desde el Paraguay hasta Buenos Aires.
“La premisa está en que hay diversas circunstancias, pero en general la gente es buena. Fue más lindo contar eso”, subraya Zorraquín, “Me gusta pensar en ´Los niños del cielo´ o ´El canto de las golondrinas´ como influencias. Es un cine humano que está lleno de bondad y de sufrimiento. Los personajes viven a la vera del río, necesita resolver las cuestiones del día al día, no tienen una apertura del mundo”.
Para la juvenil Jazmín Bogarín, “Es prácticamente como soy yo, pero no tan rebelde. Don Emilio me ayudaba mucho porque siempre estábamos juntos. Nos preguntaban si éramos familiares (risas) Fui al mercado a ver las nenas que trabajan descargando cosas. Cabe destacar que aprendí a aprender a andar en bici en un mes para la película”.
El Don Emilio al que se refiere es Emilio Barreto, de gran trayectoria en su país, Paraguay, “A mí me sorprendió Jazmín gratamente, y me gustó Luis porque le tengo fe a las personas jóvenes. Le dijo a la maquilladora, ´Envejecelo para que parezca de 70´, y yo le dije, ´¡Pero si ya tengo 74!´ (risas).
A Zorraquín le pasó algo similar: “Lo vi en video y me pareció re petiso, pero empezó a actuar y creció un metro más. (risas)
Lo más importante: el 7 de abril se estrena en el BAMA distribuido por Aura Films.
En un día tranquilo por la ausencia de recepciones, luego de las brindadas por las embajadas de España, Polonia e Irlanda, y tras la charla sobre los Premios Gleyzer de este año, le tocó a Natalia de Molina cerrar el ciclo de conferencias con “Techo y comida”, que le brindó el Goya a la Mejor Actriz este año.

Natalia de Molina, de Techo y Comida
Natalia de Molina, de Techo y Comida

“Es una mirada muy cruda, sin edulcorante. Con un guión muy duro con el que lloré mucho. 2012 fue el año más difícil de la crisis económica en España, pero ahora siguen los desalojos y Jerez de la Frontera, donde se filmó la película, es uno de los lugares más castigados por el desempleo”.
Durante el rodaje desarrolló su instinto maternal con el actor que interpreta a su hijo, Jaime López, “Nos relacionamos por Skype porque no podíamos encontrarnos y como somos tímidos, eso fue lo que nos conectó. Lo encontraron en un colegio haciendo un casting”.
En cuanto a la financiación, confesó que “Es una temática complicada y ninguna televisión quiso entrar en ella. Hicimos crowdfunding con mucha gente que estaba interesada en contar esta realidad porque duele mucho, además las mujeres están muy desprotegidas en estas situaciones. Uno de mis miedos fue no estar a la altura del personaje, pero fue increíble porque le gane el Goya a Penélope Cruz y a Juliette Binoche”.
Sin embargo, “Lo que más me gusta es hacer reír. Lo próximo es ´Kiki, el amor se hace´, de Paco León, una comedia delirante y divertida.

MDQFest 2015: Agresti y esa estúpida pasión por los libros

WP_20151102_003Tras una larga ausencia de la cartelera nacional, Alejandro Agresti regresa con “Mecánica Popular”, prometiendo también para el año que viene “No somos animales”, filme que rodó antes que este y que coescribió con John Cusack. Terminada justo para el Festival Internacional de Mar del Plata, su estreno se prevé para 2016, distribuida por Buena Vista/ Disney.
Con menos de dos meses entre la creación y el comienzo del rodaje, Agresti se rodeó para “Mecánica Popular” de intérpretes que no dejan de elogiarlo.
Para Romina Ricci, con quien ya había trabajado en su anterior opus, “es una experiencia religiosa. Me encanta porque Ale tiene todo tan claro… es un artista sensible, loco”.
El lector compulsivo de Patricio Contreras, “fue una creación fundamentalmente de Alejandro con quien fuimos dialogando inventándole cosas, pero quisiera insistir un poco a riesgo de repetir, en que es como una condecoración trabajar con él. Fue un privilegio porque es una bestia de cine con una lucidez impresionante. Tiene un enorme amor por los actores, no sólo está cuidando el virtuosismo de los movimientos de cámara”.
“Para mí fue una hermosa experiencia. Es uno de los directores que más admiro, es un amigo desde ´Valentín´, donde interpretaba a la maestra. Esta obra me resultó extraordinaria”, apuntó Marina Gleyzer.
“Necesito que hacerles una confesión: trabajé con un genio, con un hombre muy valiente, un artista con todas las letras, de una brillantez desde lo narrativo y literario que me elevó como actor y como persona durante un mes y media”, admitió Alejandro Awada. “He sido muy feliz y he tenido que aprender y navegar estas aguas, con una riqueza fílmica que hasta ahora no me había tocado, inventando todo el tiempo”.
Para el propio Agresti, “Mecánica Popular” trata sobre “el valor de las palabras. Todavía siento en mí la misma estúpida pasión por los libros, no perdí esa inocencia. Me siento feliz viendo un libro. La literatura no perdió ese misterio y combinarlo con el cine me hace profundamente feliz”.
“La película juega triángulos en una editorial que se dedicó a la filosofía tenés la lucha de clases entre cierto tipo de intelectualidad y el sereno; entre el sereno y Silvia 1 y el protagonista, y el triángulo del pasado. No baja línea, es como cubista. Espero q el público tenga una experiencia no concluyente, que haya movido cosas. Para eso está el drama y el cine. Ya está”, concluye el realizador a modo de síntesis de su concepto.
En “Mecánica Popular” se habla mucho de psicoanálisis y, sobre todo, de Lacan. “No lo pienso de manera tan nerviosa como el personaje pero creo que hay mucho de verso, que hay gente que usa ciertas cosas del lacanismo de forma poco creativa y se torna dependiente para no encontrar soluciones. Creo hasta cierto punto en el psicoanálisis”.
“Hay una línea que tiene que ver con transformarnos en el país más psicoanalizado para pagar la culpa de lo que nos pasó en los setenta”, agrega Awada.
“Es que prendió muchísimo el lacanismo y mucha gente la usa de forma miserable la dialéctica y hay que admitir que los argentinos somos bastante verseros”, asevera Agresti.
Se le remarca que “Mecánica Popular” podría transformase en obra teatral, cosa que confirma Marina Gleyzer. Y aclara Agresti respecto del título: “Es raro porque uno va teniendo cosas en la cabeza. En una casa de la costa tengo la colección de la revista Mecánica Popular. Lo único que estudié en mi vida fue electrónica y es mi único hobby. Me atraían esas dos palabras y estaban mezcladas en mi biblioteca con los libros de filosofía. También se dio la oportunidad financieramente para filmarla con tres semanas de ensayo y 17 días de rodaje. Me gusta mucho operar cámara. Fue un lujo, no sé si por las condiciones ambientales porque vivimos dentro de esa historia, pensando que estábamos haciendo algo útil. Por ahí es subjetivo. Pero es claro que quise hacer una película argentina”.
mecanica popularEl resultado: El dueño de una editorial llega a su trabajo y se encuentra con un desperfecto eléctrico, el sereno fallecido y con su negocio a punto de pasar a manos de otro.
Tras esta presentación Alejandro Agresti recurre al flashback y a la teatralización de un encuentro con el pasado que, por momentos se hace literal. Así nos enteramos de cómo se dieron los acontecimientos en medio de diálogos interminables y tan filosóficos como los que el propio protagonista rechaza de plano.
¿Ficción o no ficción? La pregunta del debate entre la joven autora (Marina Gleyzer) que irrumpe en medio de la debacle pidiendo que le lean su manuscrito es una de las tantas que se hace el director. Su alter ego, personificado por Alejandro Awada, harto de las lecturas complicadas y vacías, se niega. Poco a poco, en su historia se van entremezclando las memorias que le provoca la chica, recordándole una situación similar con su mujer (Romina Ricci).
Más allá del esfuerzo de los actores para no sobreactuar los larguísimos parlamentos, la figura de Patricio Contreras como el sereno trae la frescura que la puesta teatral necesitaba. Por su parte, Diego Peretti, como uno de los empleados, está completamente desperdiciado, aunque su personaje sirva para tirar data sobre otros y otra conclusión: las apariencias engañan.
En la telaraña que Agresti armó se extraña la locura de sus primeras obras. Esta, más reflexiva, armada para nostálgicos, con algunos forzados apuntes sobre la historia más dura y reciente, es una declaración de principios. No es poco.