Impecable y emotivo recital de Abel Pintos

“Es hermoso presentirlos”. Y viceversa. Es así cómo el artista conjura el público ausente, imaginando sus rostros, su entusiasmo; escuchando sus aplausos imaginarios, o el coro de sus canciones. Con un impecable traje beige, remera y zapatillas blancas, Abel Pintos brindó su primer concierto en la nueva modalidad streaming, al tiempo de que su voz también se transmitía por Radio Nacional.
Aquellos que habían comprado su entrada por LivePass pudieron ver un escenario casi en penumbras, en el que se adivinaba la guitarra; y a los músicos en otro nivel superior. Las cámaras y la iluminación hicieron el resto. La estética presagiaba lo que se desarrolló durante dos horas y media: una intimidad que reflejaba el momento que estamos viviendo.
Más allá de una rica lista de temas en la que se transitaron momentos pop, baladas y folklore, flotó en el ambiente un respeto zen por superar la incomodidad de no poder estar juntos. Porque la familia abelera se merecía un espacio cálido y la sonrisa en primer plano, la complicidad de las consignas aún sin saber si del otro lado hay alguien cantando o bailando.
Estaba también esa sensación extraña de no poder sacar fotos, de no compartir videos. No es divertido sacarle fotos a la computadora, pero ahí están, raras, fuera de foco, extrañamente cercanas, como si todos estuviéramos sentados en la misma fila.
“Quiero cantar”, “El adivino”, “Cómo te extraño”, “Pájaro cantor”, “Juntos”, “Sin principio ni final”, “Mariposa”, “Tanto Amor”, “Oncemil”, “La llave”, “Cien años”, “El mar”, “El Antigal”, “La flor azul”, “Asuntos pendientes”, “Solo”, “Flores en el río”, “Lo que soy”, “Aquí te espero”, “Ya estuve aquí”, “No me olvides”, “Tiempo”, “El hechizo”, “Y la hice llorar”, mix de cumbias, “Cuántas veces”, “Crónica”, “Motivos”, “De solo vivir”, “El alcatraz”, “Revolución”, conformaron la generosa oferta de Abel a su público.
Así, en la supuesta soledad en el que las luces lo enmarcaron, Abel no necesitó invitados, aún cuando la sombra de Gieco se asomó cuando surgió su visión de “Pensar en nada”: “Un abrazo fuerte para León, el papá de todos”.
Para los bises Pintos dejó “Piedra Libre”, la canción para su hijo Agustín, y “A – Dios”, ese himno con el que Abel se despide, nos dejó ese dejo extraño, agridulce de haber sido su compañía, de haberlo tenido cerca, de no haber podido compartir con la familia abelera… ¿o sí?